Los límites saludables y el autocuidado

Es un tema de moda.

Muchas personas, especialmente mujeres, se preocupan sobre cómo poner límites saludables, hacerse respetar, como huir de personas tóxicas.

Te voy a dar otra visión. Hoy quiero abordar este tema del autocuidado desde la mirada sistémica.

 

¿Hay que priorizarse? ¿Poner nuestras necesidades por encima de las de los demás?
¿Si no lo hacemos nos quemamos?

Voy a intentar darte la clave de cómo respetarnos y respetar, sin desgastarte.

 

No es mi opinión. En constelaciones familiares no va de opiniones, sino de orden.
Ahora te lo explico.

 

Como ejemplo te voy a contar mi caso. Y no porque yo sea especial, sino precisamente porque mi caso es un caso muy común, te lo cuento.

 

Yo me divorcié del padre de mi hijo cuando este era pequeño. Entonces me dio la neura de que a partir de entonces tendría que trabajar el doble, porque, claro, ya no tenía el otro sueldo, era yo la que tenía que proveer, para mí y mi hijo, bla, bla, bla.

 

Además de mi trabajo principal, hacía mogollón de cursos extra, fuera de horarios. Era el principio de lo «on line» y me ponía a hacerlo cuando mi hijo se dormía.

¿Me quemé? Obviamente sí.

¿Pero me quemé por trabajar horas «extra»?

 

Ahora también lo hago, compatibilizo mi trabajo de profesora con el de consteladora. Hago mogollón de horas extra.
Y la mar de bien
Me encanta, no me cansa, al revés, me nutre.

 

¿Cuál es la diferencia?

¿Qué ha cambiado?
Pues simplemente mi lugar. Ponerme exactamente en el lugar que me corresponde.

 

La primera vez que me puse a trabajar tanto, lo hacía desde el lugar «tengo que hacer de padre y madre», desde un lugar de desorden absoluto, expandiéndome y usurpando el lugar del padre de mi hijo.

Si eres sincera contigo misma, ¿Cuántas veces has dicho en tu familia «ya lo hago yo», a cosas que podrían haber hecho otros a poco que lo pidieras?

Hay (como mínimo) dos dinámicas de desorden sistémico que nos puede llevar hasta el desgaste.

 

Primero colocarnos «por encima», como si los demás, incluida nuestra pareja, fueran niños. Nosotras las grandes, los demás los pequeños.

Esta dinámica es un reflejo de como estamos colocadas en nuestra familia de origen.

Cuando constelamos vemos que la persona está colocada “por encima” de su madre o de su padre (o de los dos) fidelizada con una abuela, cuidando de su progenitor en lugar de dejarse cuidar.

Y esto nos lleva a la soberbia, a sentirnos superiores a los demás. Hay un poquito de soberbia en querer hacerlo todo

 

La otra dinámica es la de estar fidelizada con ancestras que trabajaron hasta la extenuación, por el motivo que sea (porque se quedaron viudas, porque eran muy pobres, porque tenían muchos hijos, etc.). 

Nos fidelizamos con el patrón de sacrificio. Y aguantamos todo. 

Y aunque intentemos ser asertivas, no conseguimos transmitir el mensaje.

 

Y es en el desorden, no en lo que hacemos, donde está el cansancio.
Y el conflicto, porque el otro se enfada. O se acostumbra.

 

¿Cuántas veces no has conocido a personas que están en una relación tóxica con su pareja, con su jefe, con una amiga. Toman consciencia, ponen límites, dejan el trabajo, a esa pareja, a esa amiga tóxica … y en la próxima relación vuelven a verse exactamente la misma dinámica?

 Cuando algo no te llene, no te compense, te desgaste o te drene … pregúntate ¿desde qué lugar lo estoy haciendo?

 

“Lo poco que se hace desde nuestro lugar es mucho, lo mucho que se hace desde el lugar equivocado es nada”.

 

Y es cuando sentimos que no nos valoran.

Cuando nos colocamos en el lugar que nos corresponde «exactamente» no necesitamos ponerle límites a nadie, porque nuestras relaciones personales empiezan a ser mucho más fluidas y saludables. 

 

Si no eres capaz de verlo por ti misma, es porque es una dinámica muy profunda, que viene de la infancia, o de incluso antes, de patrones heredados de tu familia.
La buena noticia. Podemos constelarlo.

Individualmente o en grupo.